domingo, 15 de abril de 2012

Disfunciones sexuales masculinas y estilos de vida. Riesgo vs Vulnerabilidad

Autor: Lic. Juan Carlos Vázquez Pérez

Institución: Policlínico Mártires de Manatí. Manatí, Las Tunas. Cuba.
Dirección Particular: Calle Cristino Naranjo # 31. Manatí, Las Tunas. Cuba. 
CÓDIGO POSTAL 77100.


RESUMEN


Las disfunciones sexuales masculinas constituyen un problema de salud alarmante para muchos hombres, sobre todo por la cultura sexista y machista que mediatiza el entramado social del mundo de hoy. Desde la práctica clínica se ha descrito su evolución, etiología, factores de riesgo y tratamientos disponibles a las mismas ya sea médico o psicoterapéutico. Con relación a sus factores de riesgo, se encuentran los estilos de vida, tema del presente trabajo, el cual tiene como objetivo: analizar la posible relación de las disfunciones sexuales masculinas con los estilos de vida asumidos por el sujeto.
Se arriban a importantes conclusiones, dentro de ellas: que para que se lleve a cabo un buen ejercicio de la sexualidad, es necesario que este ejercicio valorice al individuo y aumente su autoestima, lo que se hace evidente cuando por alguna razón esta se altera. Entonces, para hablar de salud sexual es necesario un equilibrio bio-psico-social. De ahí la necesidad de tener en cuenta el estilo de vida al hablar de sexualidad alterada.

INTRODUCCIÓN


En la vida cotidiana, la sexualidad cumple un papel muy destacado pues, desde el punto de vista emotivo y de la relación entre las personas, no es solo la finalidad reproductiva o las normas y sanciones que estipula la sociedad, por lo que esto da lugar, a una gama muy compleja de comportamientos sexuales que van más allá de conocer su propio cuerpo, caminar, vestirse, expresar diferentes estados emocionales o bien lo relativo al coito; implicando entonces que se vea la sexualidad, como un componente más de la personalidad del individuo, y como uno de los factores donde incide la salud humana.
En tal sentido, hablar de sexualidad, implica tener en cuenta, creencias, valores, hábitos, necesidades, comportamientos, concepciones, actitudes y actividades que mediatizan las maneras de ser y hacer del ser humano. Por lo que no solo, se apuntaría a enmarcar la reflexión en lo relativo a la sexualidad o la personalidad, sino que es importante mencionar los estilos de vida, no solo como componentes de la personalidad, sino como factores que dan la posibilidad de un disfrute pleno y sano de la sexualidad y del desarrollo del sujeto.
Para hablar de una sexualidad sana, hay que tener en cuenta tres elementos fundamentales:
  1. La aptitud para disfrutar la actividad sexual y reproductiva, y para regularla en conformidad con una ética personal y social.
  2. La ausencia de temores, sentimientos de vergüenza y culpabilidad, creencias infundadas y de otros factores psicológicos que inhiban la reacción sexual o perturben las relaciones sexuales.
  3. La ausencia de trastornos orgánicos, de enfermedades y deficiencias que entorpezcan la actividad sexual y reproductiva.[1]
Analizando este último elemento, se hace evidente que el complejo mecanismo de la sexualidad al presentar alteraciones de mayor o menor grado, nos introducimos en el mundo de las disfunciones sexuales, que por múltiples causas: orgánicas, médicas, psicológicas, sociales, ambientales, culturales, educativas, actitudinales, o de la propia interacción de pareja, etc., hacen que el que las presente perciba a la sexualidad como algo poco placentero e incluso molesto y desagradable.
Ahora bien, no debe olvidarse que al hablar de una disfunción sexual, se refiere a una persona –o una pareja- que sufre los efectos de dicha disfunción o problema de manera particular y singular.
A partir de lo anteriormente planteado, el propósito del presente trabajo, es analizar  la posible relación de las disfunciones sexuales masculinas con los estilos de vida asumidos por el sujeto. Pero ante todo, es necesario esclarecer, que no se pretende en ningún momento ser absolutista, al decir que un estilo de vida determinado constituya un factor de riesgo para la aparición de las disfunciones sexuales en el hombre, más bien hacer referencia a los estilos de vida, jugando un papel esencial en el desarrollo del individuo y que por medio de estos, se realiza el autodesarrollo, la autorrealización, el enriquecimiento espiritual, así como la formación de su personalidad, la interacción adecuada entre las personas, la transmisión de experiencias, la formación de hábitos, que de un modo u otro, preservan o deterioran el proceso de salud, y por consiguiente el desempeño y bienestar sexual .
¿Pero, por qué hablar de estilos de vida y disfunciones sexuales masculinas? Pues porque los primeros, constituyen una categoría esencial para comprender el estudio de las principales situaciones en las que se implica el hombre, y es a través de un sistema de relaciones sociales que se desarrolla su personalidad, precisamente en el marco de la realización de sus principales actividades (siendo la actividad sexual una de ellas). En este sentido, mediante sus relaciones interpersonales más significativas, se articulan los principales contenidos de la personalidad y la salud, entendida como proceso, tiene lugar, por lo que llevar a cabo un análisis de esto, permitiría entender el comportamiento del sujeto asociado a la salud sexual. Además, las razones por las que se ha querido indagar en esta problemática, se fundamentan, en que la realidad de nuestros tiempos nos evidencia que dichas disfunciones son muy frecuentes, al tiempo que constituyen los móviles que hoy por hoy conducen a muchas parejas y hombres a consulta (Entre el 8 y 10 por ciento de la población mundial y aproximadamente el 50 % de los hombres en edades comprendidas entre 40 y 70 años tiene algún tipo de disfunción sexual)[2].

DESARROLLO


La sexualidad humana difiere de la de los restantes animales por incidir en el hombre, factores sociales y psicológicos que le dan a la función sexual un sentido especial. Cuando ocurre de forma reiterada un fallo en la respuesta habitual, el hombre como individuo, es catalogado o se cataloga como disfuncional y por lo general, siente una marcada frustración en el desempeño de su rol sexual, al punto de considerarse en un ser “minusválido”, representando para él una pérdida de su virilidad, masculinidad y prestigio, siendo la causa de grandes problemas emocionales; pues no es fácil para los afectados encarar y aceptar el problema, por lo que generalmente se aprecie la autoculpabilización o la culpa a terceros, pero no nos detenemos a preguntarnos: ¿Qué he hecho para tener este problema? y adentrándonos en el criterio asistencial, podría decirse: ¿Como puedo o quien podría ayudarme a resolver este problema?
Al hablar de esto no debe obviarse que la sexualidad es parte integral de la salud física y mental del individuo. En ese sentido, las disfunciones sexuales masculinas constituyen un problema frecuente en el buen funcionamiento del organismo de los hombres.
Con respecto a las mismas, se puede definir las disfunciones sexuales de la siguiente forma: “Es cuando se produce un fallo en una o en todas las fases del ciclo de la Respuesta Sexual Humana, provocando sensaciones displacenteras y que este ciclo se complete [3] .
Claro,  que siempre hablamos de disfunción sexual, si esta alteración es recurrente y ocasiona malestar en uno o en ambos miembros de la pareja, a pesar de que la estimulación o los juegos sexuales sean adecuados[4].
Dentro de los tipos de disfunciones sexuales masculinas las más comunes son: la eyaculación precoz, la eyaculación retardada y la disfunción sexual eréctil[5], en tal sentido cabe preguntarse. ¿En qué medida determinados estilos de vida pueden o no constituir para la aparición en el hombre de una disfunción sexual?
Ante todo hay que partir qué es estilo de vida; al respecto Núñez de Villavicencio plantea: “El estilo de vida es la unidad de lo social y lo individual, siendo concebido como la realización, en el plano de la actividad práctica del individuo, de su estilo de regulación psíquica, o lo que es lo mismo: la actividad de la personalidad realizada en la practica  social cotidiana en la solución de sus necesidades.”  [6]
Dentro de las actividades que este autor menciona, donde tienen lugar la satisfacción de las necesidades del sujeto están: la actividad laboral, la nutricional, sexual, educacional, física, recreativa, religiosa, etc. Por lo que si también estamos hablando de una personalidad que se desarrolla, no podemos reducir la concepción del estilo de vida a la realización de hábitos o actividades, sino también el sentido subjetivo que tienen estos para el sujeto, involucrando así, el desarrollo de sus necesidades, valores, conocimientos, motivaciones, asociados a las condiciones en que estas actividades se dan o la forma en que se da la satisfacción de  sus necesidades, es de este modo, que el estilo de vida incide favorable o perjudicialmente en la salud del hombre y específicamente en la salud sexual. Sin embargo, esta cuestión tiene que ver además con que el sujeto se identifique o subestime determinadas actividades, haciéndolas suyas o no, o sea que el estilo de vida engloba la estructuración de la personalidad (por lo que incluye normas, valores, concepciones, actitudes, valoraciones, etc) hacia la realización de actividades, preferencias, hábitos, etc, que para el sujeto tienen sentido.
Siguiendo las ideas de Núñez de Villavicencio  “(…) se debe tener presente, que cuando se le dice a un individuo que cambie sus hábitos como la adicción al alcohol, al cigarro o a la comida; no se va a cambiar el comportamiento, se le está pidiendo que haga algo que para él no tiene sentido, que deje de hacer lo que le da placer y le calma el estrés momentáneamente, por solo citar un caso. Es enfrentar su sentido personal, reforzado por un condicionamiento contra una valoración externa y ajena; pues él no puede tomar consciencia de las causas  de su conducta, de sus verdaderos motivos para fumar, comer o ingerir bebidas alcohólicas, ni de los mecanismos de su personalidad que le impiden hacer una correcta valoración de los problemas y de las posibilidades para enfrentarlos. En realidad se le esta pidiendo  que reajuste su personalidad para que pueda mejorar su estilo de vida. (…)”[7]
A partir de esto, podemos entender una vez más la relación de los estilos de vida con la salud y en el caso que ocupa, las disfunciones sexuales masculinas, pues para desarrollar estilos de vida que no constituyan un factor de riesgo que afecte la sexualidad masculina, estamos hablando de cambiar representaciones, sentidos, valores, pautas de comportamientos, estilos de regulación, autoconciencia, capacidad de reflexión y procesos de planificación o de espontaneidad con respecto a las actividades que conformen el estilo de vida de un sujeto que sufra de una disfunción sexual. Por lo que no solo, se trata de ver que es bueno o malo, sino de educar y aprender para poder modificar lo que ya está internalizado en el sujeto.
En tal sentido, existen diversas maneras mediante las que podemos actuar para mejorar nuestra sexualidad y volver de ese modo a disfrutarla. La más obvia y fácil es cambiar nuestro estilo de vida. Cambiando nuestra dieta mediante la incorporación de vitaminas y minerales, además de equilibrar las proteínas y carbohidratos podemos mejorar no solo nuestra función sexual sino también nuestro vigor sexual. Aparejado a la realización de ejercicio regular, el no consumo de drogas (hablamos  de consumo de drogas, como uno de los estilos de vida que pueden perjudicar la salud sexual masculina, en la medida en que en mucho casos, “se considera estas como estimulantes, pero mas bien es lo contrario, pues repercute en la sensación de placer y en la intensidad del orgasmo, retardo en la eyaculación y declina la intensidad del acto sexual”) [8] y el desarrollo de una adecuada comunicación con nuestra pareja (por su importancia para la salud, es importante que la pareja vea el problema como de los dos y no únicamente como problema del varón, debido a que la mujer constituye un sostén importante en la mejoría y evolución del problema y porque la comunicación y el apoyo entre ambos miembros de la pareja es una vía para disminuir las consecuencias de la disfunción para la salud del hombre), podemos mejorar nuestro rendimiento sexual generalizado.
Pero esto no se queda en mencionar ese cambio, como bien se sabe, son muchas y muy diversas las variables implicadas en la aparición y mantenimiento de las disfunciones sexuales, y en contra de lo que se pensaba, en la actualidad parece evidente que en la mayor parte de los casos son los factores psicosociales los que juegan el papel etiológico fundamental, y no factores orgánicos como se creía hasta fechas relativamente recientes, es aquí donde los estilos de vida juegan un papel fundamental.  Por lo dicho anteriormente, se puede decir que modificar estilos de vida que constituyan factores de riesgo a la aparición de disfunciones sexuales, implica modificar actividades o desarrollar una interacción con la pareja que permita hacer frente a una disfunción sexual, pero el cambio aquí estaría encaminado, hacia una mirada al interior del sujeto, pues las disfunciones sexuales deben en gran parte su existencia, a la falta de un correcto aprendizaje sexual, a la presencia de actitudes, valores o patrones educativos rígidos con respecto al sexo (que es correcto y que no), esto se explica, en la medida en que una escasa educación sexual, puede, por ejemplo, conllevar sentimientos de miedo o culpa hacia el placer, y por tanto la persona tratará de evitar situaciones sexuales, o bien una baja autoestima puede conllevar a que no se plantee a la pareja el deseo, y en consecuencia, a no sentirse satisfecho en la relación. La ansiedad y la autoexigencia de responder sexualmente, asociadas a concepciones machistas, pueden provocar una alteración de alguna fase de la respuesta sexual.
Cambiar de estilos de vida en esta dirección, es desestructurar las creencias erróneas o mitos que tienen muchos hombres,  sobre el hecho, de que deben funcionar con una cierta frecuencia y regularidad, que deben responder siempre con una erección instantánea y ser capaces de continuar el coito por largos periodos de tiempo (se reitera aquí lo visto sobre transformar aquellas actividades o concepciones que para el ser humano tienen sentido, en tanto forman parte de su personalidad). Asociar esto a estilos de vida que prevengan la aparición o mantenimiento de disfunciones sexuales, es concientizar a la población masculina, que la respuesta sexual (la erección y la eyaculación por ejemplo) no se halla sometida a un control voluntario, de que existen variaciones normales en la excitabilidad sexual o de que la edad y las exigencias cotidianas  pueden disminuir o incidir en la capacidad sexual del hombre. 
Para producir un cambio en estas suposiciones incorrectas acerca de la sexualidad, hay que partir de que estas gozan de una amplia difusión social (al menos en nuestro medio), y que constituyen el núcleo de la educación y la información sexual de buena parte de la población (a través de la información proporcionada por padres y compañeros), por lo que al trabajar sobre esto se estaría interviniendo sobre la vulnerabilidad que tienen los individuos que poseen estas creencias al desarrollo de disfunciones sexuales, así como también al mantenimiento de estas alteraciones una vez desarrolladas. No se trata de que un hombre con determinadas creencias o mitos acerca de la sexualidad, sea propenso a padecer de una disfunción sexual, sino que, los estilos de afrontamiento que utiliza ante sus problemas sexuales es lo que contribuye a su aparición y mantenimiento, que como ya se sabe se vislumbra como incapaz y ve afectada su masculinidad y virilidad, así como los sentimientos de vergüenza ante el posible rechazo social que puede traer consigo el individuo que sufre de una disfunción, influyendo así, para que un problema puntual se convierta en un serio trastorno. Por lo que la mejor manera de evitar un problema de erección, de eyaculación o de otra índole, es considerar los problemas ocasionales como, lo que son, molestias ocasionales, y no como una gran catástrofe que genere el cuestionamiento de la propia capacidad sexual. Con esta tranquilidad lograremos que las siguientes relaciones sexuales continúen siendo satisfactorias.
Otro de los factores que inciden en las disfunciones sexuales es la ansiedad. La ansiedad es un tema que durante años ha estado ligado al problema de las disfunciones a la hora de practicar el sexo, ha jugado un papel muy importante debido a que inhibe la excitación y la ejecución sexual, y es una de las razones en la génesis y mantenimiento de dichas alteraciones. Por lo que aprender a relajarse antes y durante la relación coital contribuiría a un mayor disfrute y un desempeño adecuado en la misma.
Pero se impone una pregunta: ¿En qué medida la ansiedad puede relacionarse o formar parte de los estilos de vida? Pues recuérdese que los estilos de vida forman parte de la personalidad, la ansiedad entra aquí en juego, en tanto estemos hablando, por ejemplo, de un individuo con predisposición a la ansiedad, esto incide a su vez, en la manera de realizar sus diferentes actividades, y si nos enmarcamos en el acto sexual, y este se realiza de manera mecánica, rápida, con el objetivo de obtener un resultado o dar una buena imagen, la ansiedad media aquí, en tanto no solo se ve afectada la respuesta sexual, sino que el individuo se encierra en un círculo vicioso donde “funcionar bien” es su premisa. 
Es conocido también, que las disfunciones sexuales masculinas están asociadas con respuestas del estrés. El estrés no se produce de manera aislada, sino en interrelación del individuo con el medio; en esta interrelación juega un papel particular los procesos de evaluación cognitiva que tienen lugar en el individuo en relación con la valoración de las situaciones o estímulos ambientales y sus propios estilos de afrontamiento ante tales situaciones o estímulos. Entra en juego aquí lo relativo a la relación entre la salud somática y salud mental, y que también el estrés se vincula a la existencia de otros moduladores psicológicos y psicosociales a través de los cuales, aislados o combinados, repercuten en la salud humana,  específicamente, estas evaluaciones, matizadas de preocupación, y que de manera persistente, repercuten en el aceleramiento del pulso, en el sistema endocrino y en la respuesta sexual del hombre, entonces es importante reiterar el considerar los problemas o situaciones ocasionales como, lo que son, situaciones ocasionales.
Los factores que intervienen en la aparición del estrés en los hombres pueden ser múltiples, pero recuérdese que la condición de estresante no está en la situación en sí, sino en la interacción entre ésta y el hombre, mediada por la personalidad como principal eje conductor de la regulación humana, o sea, del sentido  y significado personal que para cada individuo, tienen las situaciones en las que se imbrica.
Es importante entonces, hacer referencia a algunas cuestiones puntuales sobre las cuales se pudiera construir un estilo de vida que incida beneficiosamente en la salud sexual masculina.
Un  aspecto importante, que debe tenerse en cuenta si de estilos de vida y disfunciones sexuales masculinas estamos hablando, es lo relativo a la responsabilidad personal ante las diversas actividades y hábitos del ser humano, responsabilidad en el sentido de ser conscientes de cómo el alcohol, el tabaco, el estrés o bien la drogas ilegales pueden afectar la salud y entonces hacer un cambio hacia la práctica de actividades más saludables, por lo que no bastaría hablar de actividad que tienen sentido para el individuo, sino también de responsabilidad ante las mismas, para de ahí partir hacia la modificación de dichas actividades en función de preservar la salud (me refiero en este caso a la salud como tal y solamente a lo relativo a la sexualidad, en tanto se conoce que diversas enfermedades como pueden ser: diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares, ulcerosas y prostáticas, constituyen factores de riesgo, pues dichas enfermedades o diversos fármacos para el tratamiento de las mismas, son factores etiológicos de las disfunciones sexuales masculinas.
Tampoco ha de obviarse que a medida que avanza la edad y se acumula la acción que sobre el organismo, las intemperancias alimentarías, las relaciones sexuales excesivas con eyaculaciones frecuentes, así como alteraciones del régimen descanso-actividad, sean otros factores etiológicos para que se produzca una alteración en la sexualidad masculina). Esto debe estar muy asociado a la información, pues el hecho de informarse sobre aquellos factores que afectan nuestra salud, estaría, en función de la prevención de estas enfermedades que ocasionan la aparición de trastornos sexuales, constituyendo una de las actividades a llevar a cabo para la asunción de un estilo de vida que beneficie la salud sexual masculina. Pienso que responsabilidad e información serian los ejes fundamentales sobre los cuales se constituirían estilos de vida orientados a la prevención de afecciones en la sexualidad del hombre.
Otro de los elementos a tener en cuenta sería el autoconocimiento, pues no basta con saber cuales son nuestras zonas erógenas y las de nuestra pareja, conocer que nos afecta o beneficia mental y físicamente, nuestras pautas de conducta, sino que cuanto más nos conozcamos a nosotros mismos y a nuestras formas de comportamiento sexual, nos será más fácil actuar modificando las alteraciones existentes.
Todo esto implica un compromiso, en primer lugar con la salud y en segundo lugar con la sexualidad, compromiso que englobe un despliegue de la personalidad del sujeto hacia conservar una óptima respuesta sexual en todas sus fases, dando pie al establecimiento de conductas o a contar con un mayor número de alternativas para prevenir las disfunciones sexuales o bien hacer frente al manejo de las mismas.
De manera que le sea posible tener un espacio consigo mismo, donde pueda analizar sus inquietudes en esta esfera de la vida, sin que esto le signifique enfrascarse en una conversación para la cual pueda no estar preparado y se dirija adecuadamente a atender estos problemas, apoyado en la propuesta de una mejoría en las condiciones de vida y salud en general.
Reflexionemos entonces si: ¿La noción de SALUD puede ser ajena a la SEXUALIDAD? Evidentemente no. La noción de salud, como ya se sabe, no es solo  “ausencia de enfermedad”, se abre a la comprensión del desarrollo de un estilo de vida creativo como parámetro fundamental de sanidad. Un hombre sano es un hombre que desarrolla su vida creativamente, siguiendo los preceptos de los psicólogos humanistas. Siendo la  salud, valor y responsabilidad personal, pero sobre todo, condición y fuente de felicidad.
Una buena sexualidad es importante en la salud de cada ser humano, es un área  de nuestras vidas, es la manera de vivir las situaciones concernientes a esta esfera, siendo el  disfrute de una vida sexual saludable un derecho y tarea de cada persona.

CONCLUSIONES.


En la actualidad numerosos estudios demuestran que aproximadamente el 50 % de los hombres comprendidos entre 40 y 70 años de edad presentan disfunciones sexuales, la cuales se manifiestan con mayor severidad a medida que avanza la edad. Por lo que su prevalencia, justifica replantearnos la necesidad de continuar su estudio, y en este caso enfatizar en los estilos de vida, de manera que se eduque al individuo a que desarrolle un estilo de vida consecuente con su desarrollo armónico. 
En consecuencia con esto, se puede decir, que pensar en sexo no es sinónimo de genitalidad, no es solo fricciones y fantasías, pues esto es uno más de sus componentes, junto al instinto o impulso sexual, la comunicación, los sentimientos, la ternura y los contactos corporales extragenitales.
Por lo que para que se lleve a cabo un buen ejercicio de la sexualidad, es necesario que este ejercicio valorice al individuo y aumente su autoestima, lo que se hace evidente cuando por alguna razón esta se altera. Entonces, para hablar de salud sexual es necesario un equilibrio bio-psico-social. De ahí la necesidad de tener en cuenta el estilo de vida al hablar de sexualidad alterada.
Pero más que esto, tener un estilo de vida que prevenga la aparición en el hombre, de una disfunción sexual, no es solo creatividad, ni cambio de actividades, implica también, adoptar una actitud de responsabilidad ante su sexualidad, luchar contra los sentimientos de devaluación e inseguridad en la virilidad y masculinidad; lo cual requiere de apoyo terapéutico y desmitificación de la masculinidad, el erotismo y la misma disfunción. La disfunciones sexuales masculinas, no debieran ser devastadoras ni estigmatizantes para los varones, sino que deberán ser vistas como un padecimiento más que tiene causa y también tratamiento.
En fin, desarrollar estilos de vida que beneficien la salud sexual masculina, es asumir estos como un medio donde el sujeto desarrolle sus potencialidades, amar y ser amado, disfrutar y hacer disfrutar a plenitud sus relaciones sexuales, así como vivir y recibir de la vida lo mejor. 

BIBLIOGRAFÍA


  • Barrios Martínez David. En las alas del placer. Cómo aumentar nuestro goce sexual. Editorial Pax.  México. 2005.
  • Escobar Mónica, Gonzalez Evelina, Zayas Liliana y Zitarosa Lorna.: Trabajo presentado en 2003 en el Seminario de Educación Sexual y Sexología de la Facultad de Psicología (UNR). Disponible en: http://www.hipnosis.com/modules.php?name=News&file=article&sid=5165
  • Farré Martí Joseph y Fora Facund. Cuando querer no es poder. La disfunción eréctil. Editorial Océano. México. 1999.
  • González Rey, Fernando.: Personalidad, Modo de vida y Salud. Editorial Félix Varela. La Habana, Cuba. 1994.
  • González Rey F. Personalidad y salud humana. Rev Cubana de Psicol 1990; VII (2):75-82.
  • Kaplan, Helen S.: Evaluación de trastornos sexuales. Editorial Grijalbo. Barcelona, España. 1985.
  • Gorguet Pi, Ileana C. Comportamiento Sexual Humano. Editorial Oriente. Santiago de Cuba. 2008.
  • Labrador y colaboradores.: “Guía de la sexualidad”. Ediciones Espasa Calpe. Madrid. España. 1994.
  • Rojas Manresa, Reinaldo.: Selección de Lecturas de Terapia y Orientación Sexual y Matrimonial. Parte II. Universidad de la Habana. Facultad de Psicología. La Habana, Cuba. 1991. 

Referencias Bibliográficas


[1] Franco: La Sexualidad como determinante en la Salud Sexual. Departamento de Psicología, Universidad de Oriente. Curso 2008 – 2009.
[2] Gorguet Pi, Iliana.: Comportamiento Sexual Humano. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2008.
[3] Notas de Clases. Orientación y Terapia Sexual. Departamento de Psicología. Universidad de Oriente. Curso 2009 – 2010. 
[4] Criterios del DSM IV para definir qué es una disfunción sexual. Notas de Clases de Orientación y Terapia Sexual. Departamento de Psicología. Universidad de Oriente. Curso 2009 – 2010. 
[5] Existe además otras disfunciones como el Deseo Sexual Inhibido, la Aversión Sexual, la Disritmia y la Dispaurenia, pero además de ser poco comunes, salvo las dos primeras, las demás se manifiestan en ambos miembros de la pareja  (nota del autor)
[6] Núñez de Villavicencio Porro, Fernando.: Psicología y Salud. Editorial Ciencias Médicas. La Habana, Cuba. 2001.
[7] Idem.
[8] Gorguet Pi, Marlen, Gorguet Pi, Iliana.: Alcoholismo y sexualidad.  Revista Sexología y Sociedad No. 7. Agosto 1997. Centro Nacional de Educación Sexual. Ciudad de la Habana. Cuba

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